Una de las peores cosas que tienen las derrotas del fútbol, es que la mayoría de los aficionados se acostumbran con ellas y aunque se juegue como nunca, se sigue “perdiendo como siempre”.
Esto es lo que viene sucediendo con el fútbol del departamento, donde los clubes, las selecciones y el Rocha F. Club no permiten alimentar grandes esperanzas, ni soñar con la hegemonía del pasado. Los campitos de la capital y poblaciones del interior fueron siempre el cernidor de juveniles promesas que iban llegando lentamente para esperar la oportunidad de alinear en primera división.
Por allí andaban los Nogueira, González, Aguirre, Muñoz, el Nito Vera, Pochocho Fernández y el “Chueco” De Souza Rocha solo por nombrar algunos de la década del 50 cuando conquistaron el quinquenio de oro entre los mejores del Este. Somos conscientes de que los tiempos han cambiado y que en la actualidad se necesitan otros atributos. No basta solamente “la garra” ni el temperamento.
Hace algunos días el ex jugador argentino Diego Latorre, estrella del fútbol mundial en las décadas del 80 y del 90, actual comentarista radial y columnista de varios medios señalaba que “el pase integra, el pelotazo aísla. Se podría conceptualizar el pase hasta como un elemento defensivo. Si la tengo yo, el rival no puede generarme nada.
Pero el pase no tiene prensa. En realidad, hoy nadie quiere asumir riesgos. La responsabilidad hay que trasladársela a otro. El despeje, la pelota dividida y tirada a la nada se han naturalizado. El sentido del pase es, como mínimo dominar. El pase exige. El pase gol está en extinción. El gran jugador es el que reconoce cuándo están dadas las condiciones para ese toque a todo o nada. El pase gol es el riesgo en estado puro. Uno de los sentidos del pase es ir eliminando rivales y generando hombres libres para el desequilibrio individual. Depende del pasador, pero también del clima que genera el receptor. Ahí el desmarque es indispensable.
A veces, correr y atacar el espacio; a veces frenar, para estar destapado. El control también es necesario para ganar tiempo, para sacarse un rival, para conseguir mayor campo visual y perfilar el pase siguiente. Son fundamentos básicos para un equipo que aspire a ser protagonista. Hay que saber dar el pase. No puede ser lento. Debe ser fuerte. Al pie o al espacio, con velocidad, para que al rival le resulte más dificultoso reaccionar. Se debe entender el "viaje de la pelota”.
Notables reflexiones de Latorre, sobre la importancia del pase, base fundamental de cualquier equipo que tenga aspiraciones de ganar, por encima del tradicional “vamo arriba”, que también ha sonado como grito de guerra para estimular memorables conquistas del fútbol rochense.