Coincidimos en que fue el mayor espectáculo musical en la historia de nuestro país, y respetamos a quienes asistieron al Estadio para ver a Paul McCartney o se quedaron afuera del coloso sufriendo en silencio. Sin embargo, un hincha de Nacional no encontró mejor manera de homenajear a su ídolo deportivo, el Chino Recoba, que sentenciar en un cartel "No voy a ver a Paul, te vengo a ver a vos Chino".
Veneración y fanatismo que finalmente se vio premiado con la camiseta del ídolo, en una demostración de agradecimiento que va más allá de una frase acartonada en medio metro de papel. La actuación de Paul estaba asegurada de antemano. El éxito sería, como lo fue, un hecho natural en su carrera profesional haciendo llorar a chicos y grandes por la posibilidad de verlo en vivo y en directo.
El ídolo estaba allí a pocos metros generando momentos inolvidables a quienes nunca hubieran imaginado sentir tan cerca su respiración. El fútbol también suele imitar a la música con ejecutantes virtuosos que manejan a la perfección su pequeño y único instrumento: la pelota. Los jugadores también logran su reconocimiento mundial y son aplaudidos de pie cuando pasan a integrar el grupo sagrado de los vencedores. Los jóvenes de ayer son los viejos de hoy, que soñaron un día con la oportunidad de estar muy cerca de algún festival de los Beatles. El Estadio Centenario lucía sus mejores galas.
El Parque Central seguía recibiendo bolsilludos, que en un momento de suprema decisión se habían inclinado por el Chino. Dos virtuosos actuaban en Montevideo dividiendo preferencias y momentos inolvidables para un pueblo que por algunas horas disfrutó con su alegría a flor de piel.