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Por Julio Dornel - 14 de Noviembre 2012

ALCIDES ROMERO “LA MONTAÑA DE MANOLO LIMA”


“Había nacido entre la frontera y San Miguel, donde fue creciendo junto a sus padres, abuelos y contrabandistas”.

Así comenzaba Gonzalo Fonseca, a desparramar datos biográficos sobre la vida del ilustre pintor, hasta que un día (1º de setiembre de 1990) en “el país de Pinares, su pueblo y el mío, se nos moría como del rayo, Manolo Lima con quien tanto queríamos. Llegaba el manotazo duro, el golpe helado para agrupar tanto dolor en el costado”.

Sin embargo el artista plástico Alcides Romero, tan distante en años del maestro y tan cercano en ranchos, cachimbas y calles del poblado, nos acerca a una etapa desconocida del pintor, cuando sus juegos infantiles se limitaban a los barcos de papel que navegaban en los días de lluvia entre las grietas de la pequeña montaña petrificada de Manolo.

La nota evocativa del maestro Alexander Cardoso para el programa televisivo NUESTRA GENTE, comienza en los últimos metros de la calle Manolo Lima que lleva inevitablemente a la Montaña del ilustre pintor. “En épocas de grandes temporales, Manolo se venía a su montaña para jugar con sus barcos de papel en las concavidades de la piedra bruta.

Tuvimos el gusto de conocerlo en nuestra niñez desde la proximidad de nuestra casa vecinal de la calle Tacuabé, cuando teniendo 8 años de edad nos encontramos con un señor que estaba armando un caballete y sentado en un banco pequeño dibujaba la calle en toda su extensión. Fue maravilloso observar la calidad del “dibujo” que para nosotros era una fotografía, marcándonos para siempre y dándonos una tendencia definitiva hacia la pintura. Entre perplejo y asombrado le conté a mi padre que había visto un señor que estaba dibujando algo muy parecido a una fotografía”.

La nota realizada por Alexander en “la cima del pueblo” nos permitió conocer la verdadera historia de la misteriosa Montaña de Manolo. “Pasan los años-dijo Alcides- y tuve la suerte de ser premiado en pintura por un jurado integrado por Manolo en una convocatoria que realizaba la Intendencia de Rocha sobre Expresión Plástica Juvenil. Resulto premiado El Caballero de la Triste Figura, que ahora lo tenemos en el pueblo en el Centro Cultural “Pepe Ramagli” y queremos mucho por haber sido uno de nuestros primeros trabajos. Cuando le dijimos a Manolo que habíamos ganado el concurso porque él estaba en el jurado, nos dijo “tú no ganaste nada, ganó tu trabajo”. En los últimos años de su vida realizaba viajes a Brasil, acompañado de Mariquita, la compañera de toda su vida.

Nosotros trabajábamos en la agencia de ONDA y fuimos cultivando con Manolo una hermosa amistad, conversando con el maestro en cada oportunidad que llegaba a Chuy, antes de continuar para el punto terminal de su viaje en San Miguel. En uno de esos viajes nos enteramos realmente sobre la verdadera historia de la Montaña de Manolo. En una oportunidad le vendimos el pasaje y nos comento nuevamente que iba para San Miguel a ver la montaña. Jugando con lo que creíamos un relato de su fantasía, le dijimos que la montaña quedaba muy lejos y por falta de transporte no podría llegar, imaginándonos que se estaba refiriendo al Cerro Picudo o del Vigía. Sin embargo, grande fue nuestra sorpresa cuando nos dijo que el tiempo le sobraba, señalando que su montaña era esta elevación petrificada donde se entretenía en su niñez jugando con sus barcos de papel durante los días de lluvia”.

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