Cuando el periodista Bernardo Pilatti estaba quemando las naves para emprender el viaje sin retorno a Miami en busca de nuevos horizontes, nos aconsejó ingresar definitivamente al mundo virtual y su nueva tecnología.
Sin embargo debemos confesar que debieron pasar algunos años, antes de integrarnos a las cifras millonarias de quienes utilizan estas máquinas maravillosas. No fue fácil, nos resistimos heroicamente a dejar la vieja y querida Olivetti, que acompañó nuestro pasaje por el periodismo capitalino durante 35 años.
En la actualidad, obsoleta y olvidada, la vieja máquina de escribir descansa para siempre en la “pieza del fondo” tras haber pasado por su teclado los principales acontecimientos registrados en esta frontera durante aquellos años. Era lógico que, en estos tiempos en que la velocidad domina todas las situaciones, la vieja Olivetti detuviera para siempre su teclado. Fue durante muchos años la compañera inseparable, que salvo alguna limpieza general que realizaba el “Paraguayo” (padre de Maucho) nunca nos había fallado.
Como comprenderán, nuestro ingreso a la computación es demasiado reciente y nos cuesta adaptarnos al Windows, scanner, Microsoft, configuración, ventanas, antivirus, Mozilla, Word, Google y otros chiches de Mi PC. Sin embargo claudicamos. Con muchas dificultades vamos transitando por el mundo de estas máquinas maravillosas, que nos permiten escribir estos mamotretos, llevar la contabilidad, anotar las enfermedades y también las recetas de cocina, escribir libros virtuales y comunicarnos con el mundo, que por su culpa ya no es tan ancho y ajeno.
Todos los profesionales se han beneficiado con las computadoras, pero han sido los periodistas los que se preguntan cómo pudieron vivir tantos años sin este maravilloso aparato.