UN MILAGRO COMERCIAL EN LA FRONTERA
Desde el 3 de enero del año 1939 Panadería El Progreso, se ha mantenido con sus puertas abiertas, atendiendo a varias generaciones, en lo que podemos catalogar como un verdadero milagro comercial.
Fue en aquella oportunidad que don Mauro Silva y su hermana Tulia Joaní dieron comienzo a esta aventura comercial con una elevada cuota de constancia y dedicación, en el centro de una aldea que comenzaba a surgir sobre la línea divisoria.
El impulso otorgado por Mauro y sus colaboradores facilito el crecimiento de la firma, ganándose desde el primer momento las preferencias de la población, determinando que sus productos llegaran diariamente hasta las localidades de San Miguel, La Barra, Santa Vitoria y La Coronilla.
Desde hace algunos años le ha correspondido a Jorge (hijo de Mauro) mantener viva la identidad comercial de El Progreso, situación poco común en esta frontera de los vaivenes. En dialogo con esta columna Jorge fue recordando a varios funcionarios que desde distintos lugares fueron apuntalando el éxito de la panadería; Lalo Rocha, Selvio Clavero, Alcides Cardoso, Balta da Costa, Homero Gamón, Hermogenes Martínez, Castelar Núñez, Modesto Serrón, Ruderico Laborda, Luis Seleyarán, Ciro Pérez, Ramón Silva, y muchos otros. Recordaba además que algunos hijos, nietos y bisnietos de los primeros clientes mantienen todavía su vinculación comercial con la panadería. No dudamos que esta empresa familiar se ha mantenido inalterable durante 73 años, al punto de convertirse en el establecimiento comercial más antiguo de la frontera. Cabe señalar que Mauro Silva nació en la ciudad de Castillos el 24 de agosto de 1911, radicándose en esta frontera a los 17 años participando desde ese momento en todas las actividades sociales, culturales y deportivas que se realizaban en aquellos años.
En 1933 junto a otros deportistas fundó el Club A. Peñarol, integrando además las primeras formaciones con el “Yaco” Decuadra, Horacio Laborda, Mario de San Vicente y Elver Decuadra entre otros. En 1941 integró el movimiento que funda el Club Social, integrando sus primeras comisiones con Silvio Fosatti, Leopoldo Fernández, Eduviges Pla, Ambrosio Arrarte, Bernardo Ventura y otros vecinos de la incipiente aldea. En mayo de 1944 marca su presencia en la fundación de Rotary Club, trabajando permanentemente por las obras sociales que reclamaba la población y que pasaban por la enseñanza, la salud, y las obras municipales que lo llevaron a presidir la Junta Local en varias oportunidades y llegar además a la diputación por el partido colorado.