CIUDADANA ILUSTRE DE “SAN MIGUEL”
Mientras el sol se empeña en esconderse entre las sierras, los obreros de la pequeña población, van regresando lentamente a sus hogares en procura del descanso reparador. Sin embargo no todos pueden disfrutar de la tranquilidad hogareña. Entre clavijas y cables de una improvisada cabina telefónica una funcionaria sin feriados ni horarios, debe continuar su tarea, comunicando a los pocos habitantes del pueblo o llevando personalmente los mensajes a domicilio, a quienes todavía no disfrutaban del aparato telefónico. Allí estuvo durante varias décadas doña Micaela Suarez, que había recibido el cargo de telefonista de manos de Celeste García.
Jubilada hace varios años recuerda con cariño a varias generaciones que pasaron por su “centralita” trayendo o llevando noticias no siempre portadoras de felicidad.
Sus 104 años no son impedimento para olvidar su pasaje por las escuelas de Isla Negra y Barrancas. Como parte de un proyecto periodístico del Esc. Justo Pla, marchamos cámara y grabador en mano hasta su domicilio, recibiéndonos con su proverbial simpatía y el acostumbrado “Hola Chuy, aquí Micaela: “Por aquellos años los curas visitaban muy seguido la zona, parando en la casa de don Agustín Pla que siempre estaba llena de visitas. El camino del Ombú era el paso obligado para quienes se aventuraban a visitar esos parajes, como única forma de comunicarse con el poblado de 18 de Julio”. Doña Micaela nació el 25 de agosto de 1908, hija de Ignacio Leandro Suarez, viviendo sus primeros años en el poblado de Barrancas, casándose finalmente con Laureano Faget. Su memoria prodigiosa nos va llevando por la residencia de José Gatti, cercada de huertas y montes nativos, por los comercios de Segundo Bustamante, Manuel Gallego Rubio, “donde trabajaba mi marido en el escritorio de la firma. También recordamos a Serafín Mansilla, mi vecino y al Comisario Tomás Lezama casado con Idalina Techera Da Costa.
Un recuerdo especial para Pepe Ramagli, mi compadre, casado con una hija de Ramón Rodríguez funcionario Aduanero, al que le decían doctor porque siempre recetaba remedios. También estaba Vicente Fernández que vino de España, y el Dr. Zaporiti que si bien los vimos muy poco, era muy amigo de mi hermano Francisco. Recordamos la farmacia de Pradere y el Dr. Lucían Cansani que permaneció más de 10 años en 18 de Julio. Estuvieron además los doctores Corbo, Pou, Malan, Bitervide y Canclini.
A los bailes íbamos muy poco, me enamore con 16 años y me case con 19, las madres de antes eran muy distintas a las de ahora y solamente nos enseñaban a cocinar, tejer, cocer y bordar.
La memoria ya no es la misma pero recordamos al “Coco” García, amigo de mi padre, muy buena persona, Teófilo Uriarte, casado con Ema Laso, con comercio frente a la plaza y los Fernández, Juan, Isabelino, Esteban y Tita que se caso con un cajero del London Paris”.
El raconto de doña Micaela culmina con Amabilio Méndez, importante comerciante que “había comenzado trabajando en el comercio de Mansilla, y las tiendas de Nochín y Teodoro, donde compraban sus ropas los vecinos de Chuy”. La memoria de Micaela nos dio la oportunidad de recordar a los vecinos del pueblo, que con trabajo y mucho sacrificio fueron forjando lentamente el desarrollo de la Villa histórica. “Chau Micaela…cortamos”.