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Por Julio Dornel - 28 de Junio 2013

HUMILDE APOSTOLADO PARAGUAYO - FULVIO CABRERA Y OSCAR CHAUX


Cuando nos referimos a los médicos fronterizos, estamos incluyendo también a todos aquellos que por distintas razones no nacieron en esta ciudad. Para esta población (Chuy- Chui) también son fronterizos los oriundos de otros departamentos o de otros países que un día eligieron esta ciudad para desarrollar sus actividades.

Para la gran mayoría, su nuevo destino significo algo más que un simple traslado, al haber dejado muchas cosas por un destino incierto, en un pequeño pueblo desconocido. Quedaron por el camino familiares, amigos, costumbres, culturas y tradiciones que durante muchos años habían integrado su entorno natural. Por muchas razones ha significado un verdadero orgullo para esta población, contar con la asistencia profesional de los médicos paraguayos Fulvio Cabrera y Oscar Chaux, que al margen de su profesión, integraron distintas comisiones y clubes de servicio tratando de paliar las dificultades de los sectores mas carenciados de la población.

Sumaron muchos años en el ejercicio de una profesión que no siempre se valora en su justo término, ni se reconoce la labor desinteresada que ponen los médicos al servicio de los más necesitados. Integrados al quehacer cotidiano de todas las localidades del norte rochense incluyendo la zona rural de Los Ajos, Barrancas, San Luis Laguna Merín y otros núcleos poblados, no siempre sin transitar por caminos que no permitían otro medio de locomoción que el carro o el caballo. Como siempre hemos señalado “que mejor que SABER, es tener el teléfono del que SABE, dirigimos nuestra comunicación a Montevideo y establecemos contacto con un matrimonio amigo: Carlos Giuzio y Carmen Calabuig, para conocer detalles sobre lo que significo la presencia de estos médicos paraguayos en nuestra ciudad.

“Podemos señalar que Fulvio Cabrera Ayala, conocido como “Neno” para el grupo familiar vino al Uruguay en el año 1947, a estudiar medicina. Vida sacrificada y con las privaciones propias de todo estudiante sin familia, se hospedó en una pensión de la calle Charrúa. Este pensionado pertenecía a una familia Acosta y era “gobernada” por Doña María con mucha disciplina y carácter. Entre sus compañeros de “estudios y aventuras” se encontraban Atahualpa, Pedro y Esteban que fueron cimentando con algunos otros una amistad que perduró toda la vida.

En el año 1960 se radica definitivamente en el Chuy, aunque anteriormente atendía sus consultas quincenales en el HOTEL CHUY, donde fue cimentando una gran amistad con el propietario del mismo, señor Luis Alberto Laso. De esta manera va cimentando la idea de radicarse definitivamente en esta frontera, instalando finalmente su consultorio en las proximidades de Restauran ROSITA.

Un recuerdo especial para Adán Selayaran que fuera en primera instancia su compañero de viajes y finalmente su “chofer particular”. Viajaba permanentemente por todo el país para atender pacientes con problemas en los huesos, respiratorios, ciática y medicina general. Cultivando siempre el arte culinario, invierte en balneario La Barra un negocio gastronómico (El Pescador) convertido en el punto obligado del balneario con sus exquisiteces, frutos del mar, vinos de excelente calidad, y su famosa “Calaguala”.

Con el paso de los años, “El gordo Paraguayo” se convirtió en un referente y profesional solidario ante los requerimientos de la población fronteriza. Ha quedado un anecdotario muy rico que sin mayores detalles podemos recordar el “gato de Teodoro” que se hizo a la parrilla, el casamiento del perro, y distintos acontecimientos que por lo general contaban con la presencia de “Fariña, el Dr. Guido Vogler, Humberto Cotta de Mello, el Nene Laso, el Niño Priliac, el “Gallo de Lata”, Luis Laso, el “Pata de Cotorra y muchos otros que no recordamos. Para El Gordo Paraguayo, la medicina era un apostolado, no solo no cobraba la mayoría de las consultas, sino que ofrecía medicamentos en forma gratuita a quienes no estaban en condiciones de adquirirlos. Junto al Dr. Oscar Chaux Maldonado y al Dr. Juan José Canclini participaron en la fundación de la primera Cooperativa Médica de Chuy. Similares conceptos para “el Paraguayo Flaco” que en el año 1961 comienza a ejercer su profesión como médico en el consultorio de Cabrera Ayala mientras su esposa María Stella Giuzio y su péqueña hija Norma, de tan solo cuatro años llegan meses más tarde.

En 1962 abre su consultorio propio en la calle 1º de Agosto y posteriormente se traslada a una finca en las proximidades de ANCAP, cuando se produce el nacimiento de su segundo hijo Oscar, mientras la familia se va integrando a la vida social y cultural de la frontera. Integrante de la primera Cooperativa Médica de Chuy, y fundador de La Escuela de Enfermería conjuntamente con Rudemar Pereyra.

Todavía recordamos su descanso semanal, prolongando el almuerzo dominical con la visita obligada a los Parques de San Miguel o Santa Teresa, con su familia y el infaltable cafecito negro, viajando en su Boeing supersónico, un chebrolet verde año 1931”.

No dudamos que esta ciudad mantiene con estos médicos paraguayos una deuda de gratitud, por el solo hecho de haber dejado de lado el bienestar personal, anteponiendo siempre el interés general de la población.

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