El periodista brasileño Arnaldo Jabor, de dilatada trayectoria en distintos medios de Río y San Pablo, suele analizar en sus crónicas los cambios experimentados en las distintas ciudades y estados que debe visitar por su profesión.
Ganador del Primer Premio del Festival de Berlín y del Kikito de Oro de Gramado, Jabor ocupa en la actualidad un lugar destacado en el periodismo brasileño, donde incursiona diariamente en distintos medios. Cabe señalar que es autor de varios libros, y películas que han alcanzado relevancia internacional.
Analista crítico sobre la realidad que viven las grandes ciudades brasileñas señalaba en una de sus crónicas que su país tiene millones de habitantes que gastan su energía distribuyendo resentimientos pasivos, asombrándose con los escándalos de la televisión y sintiendo vergüenza de los robos perpetuados por algunos políticos. Se asombran con las filas de los jubilados y “rechazan” la pornografía diaria que ofrece la televisión. Sin embargo el resentimiento es pasivo y la participación es activa. “Necesitamos cambios fundamentales para que el país se encamine nuevamente. Hace algunos días estuve en Porto Alegre y pude comprobar actitudes con las cuales no estamos acostumbrados los paulistanos. Pudimos observar un regionalismo que no existe en San Pablo que siendo de todos no es de ninguno. En oportunidad de abrir una conferencia, tuvimos la primera sorpresa, al ejecutarse el himno nacional, cantado de pie por todos los asistentes. De inmediato fue anunciado el himno del estado de Río Grande del Sur y una vez culminado varios asistentes hicieron uso del cimarrón, pasándolo de mano en mano entre los asistentes que ni siquiera se conocían, y creando un espíritu de comunidad que los paulista no estamos acostumbrados. Es en ese momento que nuestros resentimientos pasivos se transforman en participación activa, y nos dan ganas de gritar BASTA contra los escándalos y la corrupción que está tomando cuenta del país. Sin embargo ese grito exige conciencia colectiva, algo que hace mucho tiempo no existe en San Paulo, por que perdieron su capacidad de movilización y ya no tienen ganas de salir a las calles para protestar. San Paulo es un gran campo de refugiados, sin personalidad, y sin cultura propia. Algo me dice una vez más que el pueblo del Sur es el que levantará la bandera en busca de sus raíces”.