Desde que el Frente Amplio coronó su meta de llegar al gobierno daría la impresión que muchas cosas se han comprendido mejor. Ciertas cuestiones que se entendieron en el pasado como de principios perdieron tal etiqueta.
La flexibilización ideológica operada con el Dr. Tabaré Vázquez también la adoptó, con su campechanía indiscutible, Don José Mujica.
Podría decirse que el decoro de sus vidas y ese ritual cotidiano de sus entregas han ido empapando a los equipos que asumen las acciones de Estado.
La senadora Constanza Moreira, si bien suministra un perfil diferenciado de quien será el candidato oficialista, ha ratificado que operará para coadyuvar en el anhelado triunfo vazquista.
Como es natural, en el debate programático y en las opciones estratégicas siempre aparecen propuestas que alimentan las controversias internas y amplían el caudal de ideas de manejo.
La senadora Doña Lucía Topolansky viene con una semi postulación, muy alentadora, para acompañar la candidatura del médico expresidente.
Con el incuestionable bagaje de experiencias acumuladas desde los comandos del poder, la Sra. Topolansky ha creído útil incorporar a la agenda partidaria la cuestión de una reforma constitucional.
Como suele suceder, algunos acompañan la posibilidad de un viraje hacia un republicanismo de izquierda, en tanto otros lo desestiman y no faltan -¡como podrían estar ausentes!- quienes aspiran a retoques puntuales.
Una eventual propuesta podría ser la creación del Ministerio del Aire, cuestión manejada entre bambalinas entre los llamados “progresistas pactistas”. En conversaciones sostenidas con pares de los demás partidos con representación parlamentaria -especialmente en encuentros desarrollados en el exterior- está saliendo de su fase larvaria el proyecto de una secretaría de estado, de corte civil, especializada en la cuestión aérea. Queda atrás el insuceso de PLUNA, como un pecado más, a exculparse en el momento oportuno.
Como nada se produce por generación espontánea, entraré en algún detalle.
Fue, precisamente, la obsesión del cielo la que llevó a un niño a levantar su mirada al más allá, hasta que un día empezó a soñar despierto. Estaba volando, siendo muy joven, hacia el Vaticano.
Hoy, viejo, gordo y goloso es el senador con más pistas de aterrizajes y despegues que haya tenido el país. Sus misiones oficiales le han hecho comprender que el Ministerio del Aire sería una solución perfecta para continuar compartiéndola con otros de sus beneméritos colegas.
Carlos Baráibar, del Frente Amplio (Asamblea Uruguay), no tiene las dotes de un gran parlamentario. Sí, las de un gran viajero con cargo a fondos públicos.
Si el fuego amigo que le destina la cofradía apostólica del Diario “El Observador” (1) no adolece de alguna imprecisión, viene de cumplir 14 “misiones” al extranjero desde febrero de 2010. Permaneció 74 días afuera, gastando US$ 28.558.
En esta verdadera fiesta celestial, como ilustres viajeros, lo secundaron Luis Alberto Heber (Herrerismo), Mónica Xavier (Partido Socialista), Jorge Larrañaga (Alianza Nacional). Los cuatro derramaron por sus prestaciones US$ 151.901. De los 31 senadores, al menos unos 16 habían participado en distintos coloquios.
Heber salió 13 veces, siendo el que más gastó. Sumó US$ 60.077, con 85 días en el exterior. Larrañaga erogó US$ 29.478, ausentándose por 55 días. Xavier (hasta que abandonó su banca) viajó 7 veces por 58 días y empleó US$ 33.788.
La multipartidaria senaturial, encabezada por el hombre de confianza de Danilo Astori, cumplió destinos en todos los continentes, rivalizando con el sempiterno excursionista Julio Alonso. De la India supieron cruzar a Tailandia y Uganda; tocaron Europa, desde Moscú a Ginebra y Madrid. Y algunos puntos más próximos.
Con reforma o sin reforma, la senadora Topolansky ya sabe que, de hecho, tiene asegurado el Ministerio del Aire.
Con un candidato seráfico de novela: Don Carlos Baráibar.
¡Qué Dios le confiera larga vida, que la gloria ya lo ha desbordado. Amén!
Nota (1): Edición 20.01.2014 – Martín Viggiano
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