(1 DE 2 NOTAS)
VIDA Y MUERTE DEL ÉXITO ESCÉNICO
Hay un instante mágico que preludia toda presentación escénica. Es el que tiene que ver con el encendido de las candilejas. Detrás del telón, hasta los artistas más experimentados no logran evadirse de ese momento psicológico, surcado de tensión y expectativa, que se anticipa a la irrupción del artista sobre las tablas.
La Cinemateca de Bologna (Italia), dando forma a la fabulosa colección de objetos y documentos que le fueran confiados por la familia de Charles Chaplin, dio vida -a principios de año- a una novela del extraordinario actor, mimo y director cinematográfico inglés. Se trata de “Footlights”. La idea fue concebida en 1948 y llevada al cine con el título inolvidable de “Candilejas” (Limelight), una hermosa alusión al teatro.
El filme no se trata de una comedia desopilante. Antes bien, es una historia delicada, atravesada por varios hilos dramáticos. Está marcada por una suerte de reminiscencia al pasado personal, por un lado; el núcleo de la obra, por otro, ofrece ciertos matices del amor. En especial, de un hombre comprensivo -Chaplin-, que exhibe su madurez, renunciando al posible amor de una bailarina, interpretada por la actriz Claire Bloom.
Chaplin reproduce un paisaje histórico, casi a la medida de sus inicios. Retrocede al tiempo de la lra. Guerra Mundial, guardando frescos recuerdos actorales. Y parece acudir a la relación con el gran amor de Oona, una de sus esposas. De ella le separaban 40 años, más estaban encadenados una fuerza intensa y por el fruto de varios hijos. La cinta, de este modo, posee tintes autorreferenciales.
Finalmente, la bailarina del relato pasará por la puerta del éxito, encendiendo las candilejas. Él, en forma patética, dejará su huella escénica en el silencio rotundo de las bambalinas. Es esa hora en que las luces ceden su paso para que reine la penumbra. Casi el olvido.
Charles Chaplin, a más de actor, es guionista, productor y director. Lo acompaña Buster Keaton, personaje relevante del cine mudo. Ambos están documentando el retiro de los escenarios.
EL CULTO DE LA PERSECUCIÓN
La hermosa melodía de la película fue galardonada con un Óscar, 21 años después, cuando el celebérrimo C arlitos tenía ya 83 años…
¿Qué había pasado en la Meca del Cine para que ese reconocimiento llegara tan menguado, como tardío?
La desbordante humanidad del artista, su enrolamiento pacifista y sus críticas fílmicas al sistema productivo de la economía norteamericana -evidenciados en “Tiempos Modernos” y “Monsieur Verdoux”- colocaron a Charles Chaplin en el index de la Comisión McCarthy (1).
Como es sabido, la “caza de brujas” fue unos de los aspectos de la batalla ideológica y política que, en el cuadro de la “guerra fría”, movilizó a Estados Unidos contra el bloque de países del “socialismo real”, cuya cabeza era la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
La acusación de “comunista” bastaba para llevar ante la Comisión de Actividades Antiestadounidenses del Senado a artistas, intelectuales y ciudadanos, se tratara o no, de militantes o simpatizantes no ya solo de los Países del Este de Europa, sino de movimientos contra el uso de bombas atómicas o de hidrógeno, de reivindicación de derechos civiles, etc.
El Bureau Federal de Inteligencia (FBI) siguió a Charles Chaplin por Estados Unidos, Inglaterra y Francia, por lo que el perseguido optó por exiliarse en Suiza.
Allí vivió hasta el día de la navidad de 1977, con 88 años, dejando el legado de sus eximios movimientos, su incomparable profesionalidad actoral y un bagaje inconmensurable de gestos e ideas. Preciado tributo universal de amor a los semejantes.
Llamada aclaratoria (1):
En el período 1950-56 el senador por Wisconsin, Joseph McCarthy (1908-1957), desencadenó un extendido proceso de delaciones, acusaciones infundadas, denuncias, interrogatorios, procesos irregulares y listas negras, sembrando terror.
McCarthy resultó expulsado del Comité investigador en 1954, por 67 votos contra 22. Se le inculpó: “conducta impropia de un miembro del Senado” por los tortuosos procedimientos que llevaba a efecto
Sumido en el descrédito, terminó rechazado por sus propios colegas.
Alcoholista consumado, murió por cirrosis y hepatitis, a los 48 años.
Más de 4.000 páginas, con unos 500 interrogatorios secretos -entre 1953 y 1954-, fueron desclasificados en 2003, haciéndose públicos.-
walter.celina@outlook.com – walter.celina@adinet.com.uy