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Por Walter Celina - 27 de Julio 2014

PACTO DE SANGRE - REGRESO AL CUARTO DEL ADIÓS


NOTA 3

DE LA ANGUSTIA ACERADA A LA TRAGEDIA

El tesonero e inteligente trabajo plasmado por Diego Fischer en “Serás mía o de nadie - La verdadera muerte de Delmira Agustini” mostró la cara oculta e íntima de la vida de una mujer excepcional. En dos sucintas notas anteriores tuve oportunidad de examinar algunos aspectos del derrumbe de determinadas pautas biográficas que habíamos aceptado de buena fe, como hechos incontrastables.

Nos fue dable así, incursionar en el Montevideo, inquieto y floreciente, de las dos primeras décadas del siglo XX. Bellas poesías, ceñidas por una angustia acerada, dieron pie para advertir perplejidades psicológicas.

En la base del conflicto, el autor de la obra descubre un factor desencadenante de la tragedia final: una severísima dominación parental, de naturaleza psicopatológica.

La investigación, entre sus facetas concluyentes, tiene un aporte distintivo. Equivale a la reapertura de los estrados judiciales de 1914.

La nueva indagatoria forense hace que volvamos a la habitación de la calle De los Andes 1206, casi Canelones.

La fachada externa perdió la lozanía primitiva. En la vereda un enorme plátano, cargado de años deja que tome cuerpo un rosal. Alrededor, una verja verde de hierro, custodiando un paisaje mudo. En el piso, una placa de mármol con una leyenda equívoca sobre Delmira y Enrique, queda disimulada tras los pasos urgentes de los transeúntes. Es la actual calle Andes, en Montevideo.

La criminalística, a través de una autopsia histórica, borrará el tiempo transcurrido, dará cuenta de los hechos, y proporcionará una imagen de los agonistas y ofrecerá una conclusión razonada.

AUTOPSIA HISTÓRICA

El Prof. Dr. Guido Berro Requena, ex catedrático de la Facultad de Medicina-UDELAR y reconocida figura en el ejercicio de asuntos forenses, será quien nos conduzca hacia la nueva valoración de cómo epilogaron sus días Delmira Agustini y Enrique Job Reyes.

Su intervención, para la mayor precisión en el esclarecimiento de un hecho centenario, le fue expresamente requerida por Diego Fischer. Este atento pesquisador puso a disposición del criminalista elementos que obraban en archivos judiciales y nuevos elementos descubiertos en su indagatoria.

Cabe precisar algunos términos, para una más cómoda ubicación del lector menos acostumbrado a la consideración de temáticas forenses.

La autopsia consiste en el estudio científico de un cadáver, al que se disecciona, con el fin de indagar en las causas o circunstancias de la muerte. Se distinguen por sus tipos. La denominada clínica, examina procesos patológicos; la forense, se abre judicialmente en casos de crimenes, accidentes, etc; la psicológica se orienta, en cambio, a la reconstrucción del perfil del sujeto fallecido y, la histórica, que ilustrará el Prof. Dr. Guido Berro Requena. En esta modalidad, estarán ausentes el o los cadáveres o restos orgánicos. Se operará sobre los legajos médico-judiciales, documentación, testimonios, etc., piezas todas que obrarán para fundar un análisis post-morten, distante de los hechos.

El especialista nos pone ahora al borde de los acontecimientos. Nos plantea un regreso al cuarto del adiós: “Tres de la tarde, un apartamento cerrado por dentro, en orden, los cuerpos semidesnudos. Ella, más que desnuda estaba con una camisa de él, o sea que -probablemente- hubiesen estado haciendo el acto sexual. El cuerpo de ella yace junto a la cama, en el piso, y en el espejo hay manchas de sangre, o sea que estuvo de pie frente al espejo.

Las heridas son a boca tocante, con el arma fuertemente apoyada en la sien; tiene dos disparos en la sien, uno de ellos con salida, que además no salpicó el espejo o fue una bala que se incrustó y quedó en un cuadro; pero esa puede ser de un primer disparo, que no efectuó sobre sí misma sino de prueba. Ella cae al piso, seguramente con vida; recibe un segundo disparo -que puede haber sido hecho por él-, y el cuerpo de él, que mostraba algún signo de vida (y que después es puesto sobre la cama, cuando ingresa el comisario y el médico forense), está apoyado sobre el pecho de ella, recostado sobre ella. También con un disparo en la sien, con un arma que está cerca de su mano; una Smith & Wesson 38, con indicios de haber sido fuertemente apoyada. Bien de tipo suicida, ambos.

Ella no tiene ningún signo de defensa. Es decir que, sabiendo cómo era su personalidad, lo único que cabe plantear prácticamente es el acuerdo, el pacto.

Llegué a la conclusión de que es una muerte diádica (muerte de dos personas o más, vinculadas muy fuertemente. W.E.C.). La muerte diádica puede comprender homicidio con suicidio, pero también los llamados pactos suicidas, cuando dos personas o más convienen en quitarse la vida juntas.”

(1)

PUNTO FINAL

Esta nueva faceta de la verdad convence, tanto como ese amor que, en su fidelidad más intensa, no cedió ni ante la extinción física.

El filósofo polaco-alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860) ha reflexionado que el suicidio, de última, es una manifestación de voluntad por la vida.

Al menos, pareció serlo en la lucha de Delmira Agustini y Enrique Job Reyes por la supervivencia de su indomeñable credo.-

NOTA (1):

Entrevista Radio “El Espectador” – 14.07.2014

walter.celina@outlook.com - walter.celina@adinet.com.uy

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