NOTA I
MARCO SUPERIOR: LA CONSTITUCIONALIDAD
A la par que la criminalística -apoyándose en una serie de disciplinas auxiliares- fue dando pasos consistentes para dotar de un cierto orden las actividades preventivas y represivas del Estado, las cartas constitucionales (especialmente las democrático-republicanas) fijaron las garantías, las obligaciones y derechos básicos de los ciudadanos y las autoridades.
Baste citar, dentro de un repertorio muy amplio, la inviolabilidad del hogar, como de los papeles y la correspondencia, en cualquiera de sus formas; la libertad de expresión del pensamiento; los derechos de reunión y asociación; de sindicalización y huelga; la penalización reglada, según proceso con sentencia; del apresamiento solo en casos de in fraganti delito o semiplena prueba; de habeas corpus; la responsabilidad de los magistrados en la tutela del cuerpo normativo o por actuar fuera del marco legal, etc. Sin olvidar la extensión de este sistema a lo que es inherente a la personalidad humana o deriva de la forma republicana de gobierno.
PRECURSORES DE LA CRIMINALÍSTICA
La criminalística puede considerarse hoy una disciplina compleja que, basándose en conocimientos científicos y técnicas concurrentes, examina evidencias físicas o indicios, para esclarecer principalmente hechos punibles, bajo tratamiento de la justicia.
La acuñación del término procede del juez austríaco Hanns Gross, quien en 1894 publicó una obra pionera para las ciencias jurídicas: un manual de instrucción.
La historia, sin embargo es remota. En China, bajo la dinastía Tang y hacia el año 650, el historiador Kia Kung-Sen cita documentos hechos en madera para la celebración de contratos, con impresiones dactilares. Estudiando anatomía, a los estudiantes de hace 60 años, en los liceos se nos revelaba que en 1665 Marcello Malpighi había descubierto la identidad única de las yemas de los dedos y las palmas de las manos.
El hábil delincuente francés, Eugène-François Vidocq (1775-1857), catapultado en 1809 a primer director de la Sûreté Nationale (Seguridad Nacional), dio forma a los registros prontuariales e implantó los moldes para la toma de huellas dactiloscópicas. Introdujo la balística. ¡Y… a más, inspiró al gran Víctor Hugo para la obra “Los miserables”!
OJOS, OÍDOS Y ANOTACIONES INDISCRETAS
El Estado, bajo sus más diversas formas, históricamente siempre ha tenido ojos y orejas bien grandes y personal que, de manera muy selectiva, aplica sus conocimientos para saber en qué andan las personas. Lo cierto es que algunos están ahí, mirándolo todo. Como detrás de un vidrio espejado… A veces la ciencia criminológica se distorsiona o desaparece y la vigilancia se hace amiga del delito, pues es para fines ilícitos.
Lo bueno es que los servicios inteligentes -de espías- crepitan cuando aparecen los Julian Assange o los Edgard Snowden y sorprenden en paños menores a los falsos cuidadores de la seguridad.
Pero, no hay que ir lejos. A título de ejercicio para la memoria pueden repasarse algunos de los instrumentos con que ha contado y cuenta nuestro país y, de yapa, recordar -de la llamada “historia reciente”- el prontuario que le armaron a un ilustre amigo mío en la Jefatura de Policía de Montevideo, resultando yo el causante de su detención que, por entonces, nunca había pisado una comisaría.
Los prontuarios: ¡qué mundo extraño!
Prometo entrar a ese campo espinoso.-
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