NOTA III
PRECISIONES NECESARIAS
Esta es la última de tres notas acerca de los prontuarios policíacos, materia que siempre escapa al debate abierto. Por temor posiblemente, más que por discreción republicana.
Como por filosofía no oculto mis opiniones y cultivo valores éticos, entro al ruedo con algunas constancias que podrían llamar la atención pero tienen sentido, como fundamento de lo que expondré
Fuera de lo que cada uno recibe para la formación en su hogar -lo que reviste un valor trascendente-, referiré que como escolar me deslumbró la ciencia cuando aprendí para qué servía el microscopio y cómo Robert Hooke (1635-1703) había descubierto esa unidad fundamental de vida llamada célula.
Desde temprano pues, estuve predispuesto a entender que la ciencia derriba los muros de la ignorancia y puede -debe- ser usada a los fines del mejoramiento humano.
Por derivación, no desconozco -muy al contrario-, el papel de la criminalística y la criminología en un Estado de Derecho, concebido como noción perfeccionada del ideal republicano.
La lucha por la efectividad los derechos civiles y políticos no ha sido, ni es, un tema menor. Habitualmente está en reacción contra los desvíos del poder establecido y los desfasajes en que incurren muchos gobiernos.
Si a pretexto de la necesaria labor contra el crimen, los aparatos de seguridad del Estado cambian de rumbo y se manipulan para captar clandestinamente información (recuérdese el histórico “Caso Watergate”) o son puestos de rodillas o en “coordinación” para acciones de países extranjeros, la calidad de la democracia se desmerece y, el proclamado Estado de Derecho, se transforma en una mueca insolente.
Así que las prácticas de “prontuariar”, “vigilar”, “escuchar”, “grabar”, o de “hacer papeluchos” no son “peccata minuta”.
En el mundo tecnológico actual, como nunca antes, el suministro y procesamiento de “informes” es un insumo de alta prioridad para gigantescas manipulaciones en la aldea global.
En otra escala, hace unos años también lo fue por estas latitudes. Uruguay y toda América Latina padecieron las consecuencias de las pesquisas secretas.
A las puertas del cuartelazo de Juan María Bordaberry y coaligados, se operaba con una gran masa de datos. Formaban parte de los rituales necesarios para sentar un poder incontrolado y clasista.
Me remitiré a una historia, personalisima y sencilla. De seguro, más insignificante que tantas otras que, por trágicas, no pudieron contarse en primera persona. Lo autorreferencial no es una jactancia. Es un testimonio.
APRESAMIENTO DEL DR. ALFREDO ALAMBARRI
El Dr. Alfredo Alambarri fue un distinguido médico pediatra, preclaro continuador de la obra del Prof. Dr. Luis Morquio, pionero de la pediatría social y su fundador en Uruguay. Alambarri, por su parte, creó servicios de calidad para la infancia, la mujer madre y la adolescencia, en las obras denominadas “Chopitea-Vizcaíno”, en la ciudad de Mercedes. En Montevideo amplió ese caudal. Con un perfil solidarista, afincado en el “Batllismo originario” y sostenido en doctrinas científicas y pedagógicas eficaces, fue designado presidente del ex Consejo del Niño por el presidente Andrés Martínez Trueba. Retuvo ese cargo hasta la llegada del gobierno del Partido Nacional, tras la elección de 1958.
Anoto que por su edad pudo ser mi padre. Con 17 años trabé amistad con él y participé en las tribunas públicas que coadyuvaron a ungirlo representante nacional, en los comicios de 1950.
Transcurridos algunos años, fui objeto de hostigamientos macarthistas por mi actividad sindical, periodística y de alineamiento en la izquierda. Al pretenderse, con arbitrariedad, privarme de una de mis ocupaciones, varias instituciones me manifestaron un fraterno respaldo. Una de tales expresiones la suscribió el Dr. Alfredo Alambarri.
Cuando J. M. Bordaberry siguió el camino de J. Pacheco Areco y las “medidas prontas de seguridad” facilitaron los arrestos sin expresión de causa, el ciudadano Alambarri fue conducido a “Inteligencia y Enlace”, departamento de la Jefatura de Policía de Montevideo.
Relato:
“Oficial: -¿Qué vínculos tiene con el comunismo?
Alambarri: -¡Ninguno!
Tras una pausa fría, el oficial salió y regresó. Puso sobre el escritorio un legajo. Extrajo un recorte de diario.
-¿Ud. no firmó esto a favor de Walter Ernesto Celina Vespa, dirigente sindical, periodista del diario “El Popular” y secretario parlamentario del grupo de los diputados Arismendi, Massera y Bonavita y del senador Enrique Rodríguez?
-Sí, lo suscribí. Es un hombre de bien.
Replicó el oficial: -Pero es…”
La tensión fue despejada por la presencia del senador Dr. Amílcar Vasconcellos, quien intercedió y obtuvo la liberación del Dr. Alfredo Alambarri.
Su narración ahora me hacía saber algo que vuelve a lo que es el eje de estas reflexiones: Los prontuarios.
La peripecia del querido amigo revelaba, en crudo, que él y yo sin haber tenido ningún incidente ni falta y, sin haber pisado hasta ese momento comisaría alguna, ya disponíamos de prontuarios ilegales.
Como miles de ciudadanos, fuimos objeto de pesquisas y seguimientos en actividades no delictivas.
Acoto que, en verdad, nunca fui tan ingenuo como para pensar que no me hubieran “fichado” así. Y, efectivamente, lo comprobé por ese acto irreverente contra el gran médico mercedario. ¡Formábamos parte de un “index”, contrario a derecho!
Todo está destinado al cambio. Sin dejar de ser lo que hemos sido, ahora somos algo distintos. Por un lado, personas, con más años y experiencias.
De otro, las instituciones, al menos, mejoradas. Requieren más eficiencia y transparencia.
Pienso que, más cerca o más lejos, los prontuarios malignos existen y se cultivan en sus atmósferas penumbrosas.
Acechan irrenunciables derechos de los individuos y la sociedad.-
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