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Por Walter Celina - 17 de Agosto 2014

GARDELIANAS - UN MUCHACHO COMO TANTOS


HABLEMOS DE “EL PIBE CARLITOS”

Nadie elige las condiciones en que ha de nacer. Suele transformarse en un aserto prejuicioso y mezquino la calificación que desacredita a quienes provienen de uniones maritales que escapan a la media aceptada socialmente o que proceden de hogares deprivados.

El infortunio de los niños y jóvenes -que atraviesan dificultades que no crearon- debe merecer la mayor atención solidaria, más que cualquier reprobación ácida o sentenciosa. Es un tema muy actual y, ante todo, una cuestión de vieja data.

Sirva esto para decir que “El Pibe Carlitos” -que no es otro que Carlos Gardel-, deambuló en su infancia por fuera del ámbito de sus progenitores y, ya adolescente, estuvo indocumentado, accedió a acreditaciones irregulares, transitó con amistades cuestionables y, en esa vida azarosa de juventud, también registró entradas policiales.

Por lo dicho, al momento de emitirse una valoración sobre algún pasaje poco luminoso del máximo cantante rioplatense, cabría recordar la célebre admonición de la literatura bíblica llamando a abstenerse de arrojar la primera piedra a quienes antes hubieren quebrantado el orden existente.

La realidad es como es. No hay que edulcorarla. Vale entenderla en su contexto.

En las postrimerías de 2012 el diario bonaerense “Página 12” hizo sonar sirenas con la noticia de la localización de un expediente comisarial, de 1915, en que Carlos Gardel resulta apodado “El Pive Carlitos” (con u-ve) e imputado de la engañifa conocida como “cuento del tío”. Se trata de un típico legajo policial. Individualizada la persona, se la conduce y, por los interrogatorios, se le registra por nombre y apellido, fecha de nacimiento, ocupación y demás, con señalamiento de la falta o delito que motivó la intervención, etc. Es el “Prontuario Nº 25.310 de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Comisaría de Investigaciones. 14 de agosto de 1915”. Absolutamente auténtico.

Mi estimada amiga, la Sra. Martina Iñiguez, investigadora gardeliana argentina, que ha realizado el estudio de estos antecedentes, le quita al hallazgo todo dramatismo. Comparto su punto de vista por los factores de contexto -muy amplios-, esbozados al comienzo de este segmento, así como por los históricos-sociales -que ella examina-, tomando en cuenta los procesos ocasionados por las oleadas europeas llegadas a la Argentina, agrupando y diferenciando las clases de los opulentos y los desposeídos.

Analiza el documento y, al detenerse en la palabra “Pive” -que así aparece escrita-, anota su ascendencia idiomática genovesa. Guarda connotación con “aprendiz” o “muchacho de los mandados”.

Justamente, nuestro pibe, es el muchacho que recorría las bambalinas y varas, sirviendo en trabajos menudos, siempre captando y aprendiendo claves de los oficios actorales.

Ese joven, alguna vez, se relacionó con un tal Andrés Cepeda, experto en “cuentos del tío” y huésped sempiterno en centros de detención. Se le apodaba “El divino poeta de la prisión”. Carlitos le grabó su estilo “El poncho del olvido”.

EN TACUAREMBÓ SE EXHIBIRÁ EL DOCUMENTO

En las ruedas gardelianas se ha sostenido que el presidente argentino Marcelo T. de Alvear habría dispuesto eliminar cualquier anotación que pudiera existir en las unidades policiales sobre el máximo cantor.

Sea como fuere, hace pocos meses sale a la luz el expediente de 1915.

Su tenedora -por herencia- fue la Sra. Graciela Rocco, ex docente y jubilada bancaria bonaerense, quien procuró transferirlo a quienes les pudiera interesar. Sin encontrar respuesta, se contactó con la investigadora Iñiguez y esta cumplió la diligencia de anoticiar al “Museo Carlos Gardel” de Tacuarembó.

Celebrados los arreglos pertinentes, el legajo fue cedido y será expuesto al público, a partir de diciembre, tomando la fecha del nacimiento del artista rioplatense.

Pero ¿qué podría tener de extraordinario, además, este expedientillo?

Corrobora dos elementos fundamentales, concurrentes con la identidad de “El Mago”. 5 años antes que “El Zorzal” obtuviera la documentación en que se declara nacido en Tacuarembó, hizo asentar: 1) Como fecha de nacimiento, la del 11 de diciembre de 1887 y, 2) Que sus padres fueron Carlos y Berta Gardel.

Como cuando en 1920, ante el Consulado de Uruguay en Buenos Aires, indicara haber nacido en ese día, mes y año y ser hijo de Carlos (Escayola) y Berta (Gardes-Gardel).

Se trata del mismo muchacho que, ya hombre, ante un requerimiento periodístico, contestó: “Ya que insiste, uruguayo; nacido en Tacuarembó.”

walter.celina@outlook.com - walter.celina@adinet.com.uy

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