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Por Walter Celina - 29 de Septiembre 2014

Historias Mínimas - HÉCTOR HUGO BARBAGELATA


SOLO UNA VEZ

Alguien podría sorprenderse si expreso que me referiré a una personalidad de la cultura nacional con la que me entrevisté en una única oportunidad.

En efecto, en 1967, por la intervención de Zelmar Michelini, se constituyó una comisión sindical mediadora que entendió en las diferencias que surgían por la desatención que el Consejo del Niño -vinculado institucionalmente al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social- tenía con la organización gremial de las Cuidadoras de menores.

El titular de la Cartera de Trabajo y Seguridad Social, Prof. Enrique Véscobi, resultaba un hombre ajeno a la interlocución fluida con segmentos de las dependencias vinculadas a su ministerio. Fue así que la protesta llegó al bloqueo de las entradas de la sede oficial, cansadas ya las trabajadoras sociales que no se respondiera a reiterados pedidos de audiencia.

Viabilizada la situación, en un clima distendido, el encuentro tuvo lugar con el subsecretario que no era otro que el Prof. Dr. Héctor Hugo Barbagelata.

En pocas semanas más, la adopción de unas “medidas prontas de seguridad”, dispuestas por el Presidente Gral. Gestido, descuartizarían el staff ministerial. Por el desacuerdo renunciarían Véscobi (con su vice Barbagelata), Vasconcellos y, mis fraternos amigos, Zelmar y Hierro Gambardella.

Un hombre de las dotes intelectuales de Héctor Hugo Barbagelata por cierto que daba lustre a un ministerio que debía entender en las cuestiones laborales. Sin embargo, las corrientes de corte cesarista que asomaban en el Uruguay no podían resultar afines a la personalidad del gran catedrático.

En abril último legó su ejemplo. Su trayectoria sensibiliza fundadamente.

HOMBRE DE LA CULTURA Y ACADÉMICO EJEMPLAR

Formó parte de la “Generación del 45” (Espínola, Benedetti, Onetti, Rama, Maggi, Arregui, Flores Mora, Martínez Moreno, Invernizzi, Bordoli, Lockhart, etc., etc.); cofundador de Teatro Universitario, Director de Teatro Uno, Director de la Escuela Municipal de Arte Dramático y del SODRE.; colaborador de “Acción” (Luis Batlle Berres) y “Marcha” (Carlos Quijano); impulsor de un proyecto para el incendiado Estudio Auditorio.

Héctor Hugo Barbagelata es uno de los constructores de la escuela laboralista uruguaya, de raíz humanista y democrática.

En el ámbito de la Universidad Pública operó, primero, como catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social y, luego, de Legislación y Relaciones Industriales. Participó como cofundador de la Revista de Derecho Laboral (Francisco De Ferrari, Américo Plá Rodríguez); encabezó el Instituto de Derecho del Trabajo; propulsó el postgrado de Derecho del Trabajo y Seguridad Social y de la cátedra de Evolución de Pensamiento Juslaboralista; disertante y dialoguista magistral en el Instituto de Derecho del Trabajo de la Facultad de Derecho.

Transitó en Bélgica por las Universidades Católica de Lovaina y Libre de Bruselas. Doctor en Economía y Legislación Obrera en La Sorbonne (Francia); consultor en Cinterfor/OIT.

Profesor Emérito de la Facultad de Derecho (UDELAR).

A tenor de estos antecedentes, su obra escrita no iría en zaga. A principios de la década de los 50 formula una tesis sobre Regulación de Labores en los Talleres. Luego vendrá un desarrollo sobre el Despido en el Derecho Común y Análisis Jurisprudencial. Con la Federación Uruguaya de Empleados de la Industria y el Comercio -orientada por José D’Elía- publicará un Panorama de la Legislación del Trabajo y un estudio acerca del Régimen de Convenios Colectivos. Luego se escalonarán: Introducción a las Instituciones de Derecho Laboral en América Latina; El Tripartismo y la Formación Profesional en América Latina; La Legislación Mexicana. Capacitación y Adiestramiento; El Particularismo del Derecho del Trabajo y los Derechos Humanos Laborales; Evolución del Pensamiento Juslaboralista y noveles aportes en los Cuadernillos de la “Fundación Electra” (organizada en gratitud a la cooperación de su esposa).

ABOGADO BRILLANTE DE UNA GRAN CONSTELACIÓN

El Maestro Barbagelata ejerció una adhesión consecuente a la parte más débil de la relación laboral. Creía en el uso del derecho y en el perfeccionamiento democrático. En los años 50, con organizaciones sindicales poco estructuradas, no resultaba fácil adscribir abogados para la defensa de los trabajadores en los estrados judiciales.

Él lo hizo y así lo confesaba en los círculos más íntimos, subrayando que no había trabajado para patronales. Sus bastiones fueron el sindicato del comercio -junto a José D’Elía, entrañable compañero- y la Universidad. La abandonó, junto a otros profesores, repudiando el golpe de estado de 1973.

Mi militancia sindical, por un lado, y el ejercicio de mi labor como secretario de bancada parlamentaria, por otro, me proyectaron al examen de cuestiones del derecho público, como al contacto con laboralistas, encarando consultas para ser útil en mis funciones. Esto me dio el conocimiento -también grados de amistad- con figuras relevantes, muchas de las cuales compartían los mismos ámbitos que Héctor Hugo Barbagelata. ¿Cómo olvidar pues, el gran espectro formado por Sarthou (padre), Américo Plá Rodríguez, Mantero (padre), W. Pérez, Caggiani, Ermida o Pitamiglio, entre otros?

En esa comunión de elementos múltiples, guiada por la ética de una mayor justicia para los menos fuertes, Héctor Hugo Barbagelata era un aliado inconmovible.

Su nombre no invoca la ceguera del dolor. Llama a tomar su límpida bandera.

walter.celina@outlook.com - walter.celina@adinet.com.uy

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