Marcelo Osvaldo Martínez (1967) es un investigador y comunicador argentino, egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA) con especialidad en diseño. Radicado en España, presta atención minuciosa a las temáticas gardelianas. Es un difusor destacado y sus contribuciones siempre importan.
Esta nota tomará por base su enjundioso trabajo sobre el primer disco grabado por Carlos Gardel, lo que ocurriera en abril de 1912 cuando matrizó “Sos mi tirador plateado”, caratulado también como "El tirador plateado", "Mi tirador plateado", "Aquel tirador plateado", "El tirador plateao". Este último, nominado así en 1939 en SAIDAC y, en 1990, con la caracterización adicional de "China mía".
Cabe anotar, como peculiaridad sorprendente, que la última grabación hecha por “El Mago” -antes del accidente de 1935- fue, precisamente, de este tema.
Julio César Puppo (“El Hachero) escribió un memorable relato sobre el debut de Gardel en el Teatro “Royal”, de Montevideo.
En una ficción histórico-literaria, Marcelo Osvaldo Martínez reinstala el momento del registro en que el Gran Carlitos se posesiona, ciento dos años atrás, en lo que sería su papel de primer artista rioplatense del siglo XX.
Esta es la parte sustancial de la página titulada “Un melenudo y su guitarra”:
“Un joven melenudo, con pretensiones de cantor -vale decir, con ganas de vivir del canto-, está a punto de grabar su primer disco. Disimula con una sonrisa su ansiedad, mientras espera la señal en la sala de grabaciones, pequeño habitáculo forrado con alfombras, iluminado por una bombilla eléctrica que desciende perezosa a través de la moqueta del techo.
Le han advertido que debe poner la máxima concentración ya que la toma ha de salir bien de entrada, sin posibilidad de repetirla. El sudor le humedece sus manos y se pega a su chaqueta y camisa. Se afloja un poco la corbata. Comprueba la afinación de las cuerdas. Se inclina. Aleja y acerca sus labios al micrófono, que es en realidad un embudo gigantesco apoyado en un trespiés, que emerge desde una gruesa cortina, detrás de la cual se halla el técnico de grabación.
Llega la orden. Es el momento decisivo... Se incorpora. Cierra los ojos. Toma aire y arranca con los acordes de la guitarra, que sostiene aprisionada bajo el brazo derecho, al estilo de los gauchos payadores.
Brota el poema de su garganta (1): “Sos el tirador plateao/ que a mi chiripá sujeta,/ los ejes de mi carreta, los tuces de mi tostao,/ sos el pañuelo bordao/ de un pobre gaucho cantor,/ sos la prienda más mejor/ de mi chapiao de paseo,/ sos yapa de mi sobeo,/ sos trienza de mi arreador.
Sos la mata culantrillo/ que crece en el manantial,/ sos vaina de mi puñal,/ sos parva donde trillo; sos ala de mi lomillo/ sos trabajo brasilero,/ sos yesca de mi yesquero,/ sos paño de mi bombacha,/ sos potranca criada guacha.../ por eso tanto te quiero.
Y pensar que me guardás/ en tu pecho un rinconcito/ donde llamea un fueguito/ que no se apaga jamás.../ Yo siento alzar más y más/ la llama en mi idolatría;/ pues mi mayor alegría/ y mi sueñito mejor/ es jinetear en tu amor/ y maniarte al alma mía.”
Tres minutos más tarde la pieza estará concluida. Tres minutos que darán inicio a una historia musical que cumple ya sus primeros cien años…”
NOTA (1):
A.- Transcripción íntegra del texto. B.- Letra: Oscar Orozco Castell. Música: Carlos Gardel. C.- Orozco Castell nació en Paysandú, teniendo una relación fluida con “Torora” Escayola y Gardel, ligados por parentesco.
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